Recomendaciones de la Santa Sede para hablar sobre las vacunas

Alejandro Esposito (Unsplash)

La Comisión COVID-19 creada en el Vaticano por el Papa Francisco ha publiado un documento para ayudar a las diferentes organizaciones católicas del mundo a responder a las cuestiones que suscita la pandemia actual.

Para evitar polémicas sobre el complicado tema de las vacunas, ofrece tres ejemplos concretos que pueden utilizarse en diferentes contextos comunicativos, desde una conversación hasta una homilía. 

El primer modelo que propone la Comisión vaticana es un extracto del documento que Cártias Internacional divulgó el 5 de febrero para pedir que nadie sea olvidado y se pueda garantizar el acceso a las vacunas, pues de esto depende la seguridad mundial:

El Papa Francisco ha animado a las personas a vacunarse porque es una forma de ejercer la responsabilidad con los demás y el bienestar colectivo y ha reiterado la necesidad de “vacunas para todos, especialmente para los más vulnerables y necesitados de todas las regiones del planeta. ¡Poner en primer lugar a los más vulnerables y necesitados! “. Estamos en un momento crucial, una oportunidad para vivir el milagro de la caridad, abordando juntos el desafío actual. […] Esta pandemia es un problema de seguridad humana global que amenaza a toda la familia humana. Abordar la cuestión de las vacunas desde la perspectiva de una restringida estrategia nacional podría conducir a un fracaso moral a la hora de hacer frente a las necesidades de los más vulnerables en todo el mundo.

El segundo ejemplo citado por la Comisión, dirigida por el cardenal Peter Turkson, es una declaración de la Conferencia del Episcopado Mexicano, del 9 de febrero pasado, que subraya el papel que desempeñan las vacunas:

Es necesario hacer una pausa y reflexionar sobre la conveniente necesidad de vacunarse para contrarrestar, en lo posible, el COVID-19. Es preciso mirar con claridad cuál es su propósito y cuál es la relevancia ética que posee la personal colaboración en la campaña de vacunación. Las vacunas son preparaciones destinadas a generar inmunidad contra una enfermedad, estimulando la producción de anticuerpos. En el mundo contemporáneo, aplicarse las vacunas clínicamente aceptadas por la comunidad científica internacional, colabora a proteger la salud personal y de nuestro prójimo, ayuda al cuidado de la creación; es una acción que custodia el auténtico bien común y promueve la verdadera cultura de la vida, basada en el respeto irrestricto a la dignidad de toda persona humana y a la justicia derivada de ella. […] Los católicos no debemos contribuir en modo alguno a la desinformación ya que está en riesgo la vida de las personas, especialmente, de las más vulnerables. Invitamos a todos los fieles católicos, y a todos los hermanos y hermanas de buena voluntad, a empeñarnos en la prevención, como parte de nuestra vida diaria, con el fin de evitar sufrimiento innecesario y la eventual pérdida de la vida.

Por último, los miembros de la Comisión vaticana citan el  mensaje de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE), fechado el 23 de febrero, que subraya el principio fundamental de solidaridad para promover la vacunación de  todos:

El compromiso con la solidaridad debe ser el criterio decisivo en este momento histórico. Es urgente poner en marcha campañas de vacunación de forma masiva y rápida. Instamos a la Unión Europea a que promueva la vacunación a gran escala, no solo pensando en la seguridad y protección de la propia Europa, sino también en la salud pública mundial como bien público, para beneficio de las personas que viven en las naciones más pobres tanto como de las que viven en los países que cuentan con recursos para crear y producir las vacunas. Garantizar que todos tengan acceso a las vacunas -que estén disponibles y sean asequibles- es una urgencia moral mundial.

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